lunes, 15 de julio de 2013

Aprendí que los amores “eternos” pueden terminar en una noche, que grandes amigos pueden volverse en grandes desconocidos. Que nunca conocemos a una persona de verdad, que todavía no inventaron nada mejor que el abrazo de mamá. Que el “nunca más” nunca se cumple y que el “para siempre” siempre termina.